lunes, 31 de octubre de 2011

CONTRATISTAS DE FÚTBOL EN URUGUAY, CUANDO HARÁN LAS COSAS COMO SE DEBE?




COLUMNA DE JULIO CARDOSO TALLER DE ESCRITURA III-TITULADO TÍTERES DE PELOTA BAJO EL BRAZO.

TÍTULO DE NOTA OPINEMOSHOY.BLOGSPOT.COM
COLUMNA CON TEXTO DE JULIO CARDOSO TALLER DE ESCRITURA III-TITULADO TÍTERES DE PELOTA BAJO EL BRAZO.


Un problema que trasciende las fronteras de lo estrictamente futbolístico, y que sacude año a año en cada periodo de pases, es el de la incidencia de la figura del contratista o empresario en las diferentes negociaciones millonarias que marcan el destino de varias promesas jóvenes de nuestro país. Mareados con la promesa de vivir una vida mejor, cargada de necesidades satisfechas, placeres, y quién sabe cuántos cuentos más, varios jugadores que apenas comienzan a hacerse un lugar en la primera de sus equipos, emigran a destinos nunca imaginados años atrás por ellos.
Muchos de estos nombres, que prometían a lo grande, de los que se decía que podían dar un salto de calidad al fútbol de nuestro país y que posiblemente triunfarían con la celeste en el pecho, quedan en la nada. Se los olvida con el paso de los años, ya que sus destinos sí les ofrecen comodidades y un estilo mejor de vida, pero en cuanto a lo futbolístico casi nada. Casos hay a montones, y siempre el rol principal lo juega un nombre, el del empresario quien con mucha sutileza mueve los hilos de las negociaciones para beneficiar sus intereses y dejar de lado los del club, que durante años apostó al futuro de esa pequeña promesa. Esto sucede y en la mayoría de los casos quedan en la nada, ya sea porque los clubes afectados no tienen el peso suficiente como para hacerlo notar, o porque las diferentes reglamentaciones que los podrían defender no son claras o en algunos casos ni existen.
Días atrás, el Club Nacional de Football se vio envuelto en un caso que revolucionó al ambiente. Ya que Nicolás López, la joven promesa, de un momento a otro dejó su club para encontrar un camino mejor en el fútbol de Europa. Movido por la promesa de mejorar su calidad de vida, junto con la de su familia y su novia, el futbolista abandonó su club, el que prácticamente lo crió, lo sacó de una situación de calle y le proporcionó un futuro al que sin dudas de otra manera le hubiera sido imposible llegar. Todo gracias a la ambición de un contratista, Pablo Bentancur, escondido en la confusa normativa que regula estos casos y en pequeñeces que a él sin dudas le harían ganar millones.
Este es un caso más de muchos que se dan todos los años, donde la mafia opera en nuestro fútbol enturbiando las aguas, y poniendo en jaque a las diferentes directivas, haciéndolos cuestionar cuál es el sentido de trabajar por un club, o por una asociación como la AUF, si después suceden cosas como éstas y todo queda en la nada. En qué momento las autoridades van a dejar de hacer oídos sordos a este tipo de acciones, donde existe la manipulación, la mentira y el trabajo fino de empresarios que lo único que buscan es el beneficio propio, sin importar el mal que están haciendo a todas las partes. Está claro que esto no solo se arregla con esclarecer la normativa y punto, sino que hay que trabajar para establecer un marco jurídico concreto, claro y determinante, y hacerlo valer al pie de la letra, para así erradicar del fútbol a la mafia de los contratistas, la que nunca debió existir y que tantos dolores de cabeza y de bolsillo está dando.